Esta mañana terminé una clase con los niños de 3 años, y salí rápido hacia el otro edificio, para no llegar tarde. Al abrir la puerta del colegio me recibieron J. y L., niño y niña de 4 años. J. se me puso delante y me dijo: "Dame un abrazo", y mientras yo lo hacía, se acercó más L. y me dijo: "A mí también". Y J, remató con un piropo: "¡Qué guapa estás seño!"
A esa altura ya me había olvidado de las prisas, porque estos dos me habían hecho regresar a lo realmente importante. Al recordar el incidente, he llegado a una conclusión: me están domesticando con su ternura.
A esa altura ya me había olvidado de las prisas, porque estos dos me habían hecho regresar a lo realmente importante. Al recordar el incidente, he llegado a una conclusión: me están domesticando con su ternura.
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