La semana pasada, mientras las niñas leían la historia del camino de Emaús, la maestra les preguntó si sabían que quería decir la palabra forastero.
- Ese es el que no tiene ni mujer ni nada - dijo M.
Pero cuando vió nuestras caras corrigió: ¡no, ese es SOLTERO!
- Ese es el que no tiene ni mujer ni nada - dijo M.
Pero cuando vió nuestras caras corrigió: ¡no, ese es SOLTERO!

